04 mayo, 2007

Los adultos no se caen.

Es raro a medida que creces te vas cayendo menos, y es quizás por eso mismo que te va causando más temor. Cuando eres niño frente a una caída medianamente fuerte hay varias posibles razones:
-querer alcanzar algo imposible
-correr sin destino y sin mirar el camino
-caminar sobre cosas inestables sólo para hacerlo más entretenido
-descoordinación por intentar llevar a cabo muchas cosas al mismo tiempo sin prestar la suficiente atención
-inexperiencia

Ahora las posibles reacciones son diversas dentro de las más comunes están:
-pararse como si nada y seguir corriendo mientras los padres miran con cara de tragedia
-llorar mucho y a gritos por el susto más que el dolor por un rato o esperando que alguien te venga a hacer cariño
-llorar y hacer pucheros porque los padres ya te habían dicho que no, y qué más desagradable que no tener razón
-mirar la herida con curiosidad un rato, curarla si es necesario y volver a jugar
-pararse y seguir corriendo para no perderse parte del juego

A medida que creces, sin embargo, esto no parece cambiar mucho. Adquieres más experiencia quizás, quizás a veces la suficiente para saber que no quieres seguir cayendo. Quizás engañosa que te hace pensar que los niños son más inmaduros. Pero que hay más maduro que caerse, ponerse de pie y seguir corriendo. Pero no, cuando estás más grande ya no te puedes caer, ya no puedes jugar a hacerlo más entretenido porque sí. Es inmaduro. Por primera vez siento que todas las veces que me lo han dicho en tono de reproche, sólo debería evidenciar lo graves que son algunas personas. Ser como un niño no debería usarse como insulto, desde hoy lo tomaré como un cumplido. Aunque hay cabros chicos pesados también, como adultos pesados no más en todo caso, pero con menos poder.

Yo una vez me caí de la bicicleta y me rasmillé la cara y un niño pesado se rió de mí, y claro yo estaba en el suelo asustada, no le encontraba la gracia. ¡Demonios! creo que eso contradice un poco todo lo anterior. En fin, será.

16 abril, 2007

nadie se da cuenta de nada

A ella le impactaba cómo él no se daba cuenta si era tan obvio. Lo miraba todos los días, quería saber hasta cuando chocaba con la misma puerta de vidrio. Ella creía que ponía a prueba su fuerza de voluntad al no decirle nada. Pues, para ella era tan obvio que esa puerta existía y que definitivamente se podía hacer algo para no chocar a cada momento. Planeaba miles de soluciones para él; o la abría hacia el otro lado, le pegaba un algo para notar su presencia, salía por otra puerta o algo quizás más difícil, intentaba recordar la existencia de aquel vidrio transparente. Pero al parecer él nunca lograría recordarlo, pues ella ya llevaba meses observándolo y no había caso de que frente a las mismas condiciones él actuara diferente. Y ese día decidió que le pegaría un sticker en la puerta para evitarle futuros dolores diarios. Se puso de pie y caminó decidida hasta que se golpeó contra un fierro los hombros, estaba encerrada, y no se había dado cuenta, siempre había pensado que era su gran fuerza de voluntad la que la mantenía allí. Se arrodilló en su enorme prisión apoyando la cabeza en sus rodillas. Y él como todos los días caminó hacia la puerta de vidrio, mirando tan concentrado al frente a esa mujer que siempre observaba pensativa entre sus barrotes como si tuviera toda la libertad del mundo. Pero hoy la vio triste y preocupado aceleró el paso, y una vez más se golpeó contra la puerta, pero esta fue la última vez, porque la puerta con el impacto se rompió.

28 marzo, 2007

Bolsa de minutos-fritos y mi nueva serie semi-favorita

El otro día me acordé, no me acuerdo por qué, de un comercial que me cargaba mucho, seguramente es porque nunca lo entendí entonces me hacía sentir horriblemente imbécil,¡y no acepto eso de los comerciales! quizás no era parte del público objetivo...mmmm.....

Bueno, la cosa es que habían 6 personas, 3 hombres y 3 mujeres, ellas estaban sentadas en un sillón comiendo algo, creo que eran papas fritas, que sacaban de unas bolsas de colores que decian, creo, 60 minutos, 30 minutos, etc...o algo así. Que supongo indicaban los planes telefónicos. Y ellos estaban parados y hacían mímica al frente pero ellas no adivinaban las de los 2 primeros, pero si la del tercero pooorque parece que tenía plata en su celular...o tenía un mejor plan....ya ni me acuerdo...así de mal lo entendí...o más bien NO ENTENDÍ NADA...

Las interpretaciones que saqué eran todas pésimas...adivinaron la mímica del último porque así las podía llamar por teléfono? o porque si tiene un plan significa que tiene plata? o los otros no tenían celular y eso era muy poco cool? estoy sumamente confundida, exijo una explicación. Así que, si alguien lo recuerda y lo entendió, explíquenle a esta pobre ignorante de la vida, o si tampoco lo entendieron pelémoslo a viva voz.

Ahora lo bueno! Dani la serie chistosa se llamaba Koni-chan y es en efecto muy chistosa. Vi varios capítulos en you tube ...sí estoy cesante y qué!
Entonces, la cosa es que todos tienen que verla...o mejor tenemos que verla todos juntos, porque es muy buena, el doblaje es supercalifragilisticuespalidoso!

Uno recomendado especialmente es el de los Chorrocientos mil KONI-RANGERS ....sino los convence sólo ese título. Primero están más locos que yo...pues es un muy buen título. Segundo, si les digo que hay un koni-ranger borroso, un koni-ranger jirafa, un koni-ranger como morado y uno cebra....que están esperando! Tercero...me carga el fondo del cine...maldición! soy una inútil! d'oh me salí del tema, el subconsciente o inconsciente (viste Pauli ahora me confundiste :()

Acabo de fijarme que dentro de los ejemplos de etiquetas de entrada está: motocicleta...algún día tengo que hacer una entrada que merezca esa etiqueta...tengo una nueva meta de vida. No mentira.

En resumen: explíquenme, vean esa custión y eso. Por ahora.

15 marzo, 2007

~Marina la del mar~

Marina estaba tan perdida que al bajar las escaleras no sabía hacia donde ir. Tomando una decisión a la vez, decidió que quería salir a caminar, no es que no estuviera cansada porque de hecho le dolían las piernas y no había dormido más de tres horas luego de comer tirada en su colchón. Y salió así no más, abriendo la puerta y cerrándola tras su espalda.

Caminó derecho hasta que ya no se podía, de lo contrario se hubiera sumergido lentamente en el mar. Mar de pensamientos tenía, luego de vacilar un buen rato considerando sus opciones, se dio cuenta que no sabía lo que buscaba. O si lo sabía, había formas mucho más simples de conseguirlo. Pero si había algo en lo que Marina era experta, era en hacerlo todo más complicado, incluso las cosas más simples. Al fin caminó hacia allá, al cabo que si se arrepentía podía tomar una micro hacia el otro lado. Totalmente lógico, si total ya estaba perdida y de tanto vagar algo encontraría.

Así que caminó y miró mientras su mente buscaba algo que buscar, y de tanto rebuscar se le hizo un nudo y ya no pudo hablar. Confiada en que los soplidos del viento lo desenredarían, igual que cuando el hilo de coser se enreda y basta regalarle un respiro para que se afloje, siguió caminando.

Los semáforos insistían en hacerla pensarlo mejor en cada cuadra, cuando ella se acercaba a más de cinco metros el señor verde comenzaba a parpadear para dar paso al señor rojo justo en el momento en que ella pisaba la esquina; invitándola malévolamente a replantear su camino.

Iba tan buscadoramente* perdida que de repente miró su zapato y pensó: ¡mierda! Que era precisamente lo que había allí. Sus neuronas al segundo siguiente chispearon:¡da buena suerte! Así de enredadas estaban, creyendo dichos de quien sabe donde. Mientras limpiaba su zapato miró al frente para ver si el de verde ya había aparecido y en eso un b.v.n.i ** la miró directo a los ojos, tanto que se estrelló contra uno de ellos, y siguió insistiendo fervientemente en seguir por el mismo camino. Así que Marina se vio obligada a bajar la mirada para que él saliera por fin de su ojo. Acto seguido arrastró un poco más su pie sobre el pasto para sacar los restos del deshecho canino. Cruzó la calle y repentinamente como si el nudo se hubiera desarmado decidió que se sentaría en la esquina siguiente y esperaría allí.

Y nunca pudo entender por qué nunca llegó, si ella nunca le dijo.

De repente, aburrida de esperar se puso de pie y se apesadumbró al darse cuenta de que la hora mágica ya había pasado, su sombra estaba de vuelta junto con todas sus búsquedas perdidas.

Pero en un instante, el brillo del dorado papel con las nubes lilas y anaranjadas, dos borrachos gritándose en la calle y la música en sus oídos la hicieron incluso perder su búsqueda, mientras saboreaba el chocolate y mordía una almendra al compás de una de sus muchas queridas canciones.





*Bucadoramente: esa palabra no existe estrictamente y no me importa, al cabo que estrictamente Marina tampoco.
**b.v.n.i. : bicho volador no identificado.

12 marzo, 2007

Así, a propósito de nada, le pregunté:
-Y qué pasa si un día ya no me quedan palabras y ya no hay nada que pueda decir…
-Pero, si ya no hay nada que se pueda decir a nadie.
-No sé si eso es bueno o malo.
-Quizás ninguna de las anteriores.
-Quizás ninguna…vale la pena…
-En realidad, yo aún quería escuchar algunas, pero supe que decírmelas a mí mismo no iba a funcionar.

Se sube un padre con su hijo que entusiasmado pregunta al chófer:
-¿esta micro va a Felicilandia?

Yo me sonreí con ternura, la máxima que se puede expresar a nuestra edad, al menos.
Y él me respondió con una sonrisa irónica:
-Ahí es cuando todavía no sabes que después de que te dicen que sí, tienes que pagar el pasaje, después de todo nadie te lleva a ninguna parte gratis…
-Pero sí, a mí me han llevado…
-¿gratis?
-Sí…¿de qué estamos hablando?
-Claro.

Insultos gratuitos nada raro en estos días, dicen que las cosas que odias en los demás son las que odias en ti mismo. ¿Lo dicen? Lo escuché por ahí y aparece recurrentemente en mi mente. Ahora que estoy resintiendo un poco los comentarios de mi amigo, no será que odio en parte que alguien pueda ser tan pesimista. Tan pesimista como yo. Al fin y al cabo somos todos iguales, igual de no especiales o especiales, da lo mismo, sólo retórica y vocabulario.
Aunque si lo piensas bien en las tumbas al final también te conviertes en palabras. Aprovechando el silencio incómodo, sigo la amena conversación.
- oye…y cuando te mueras ¿Qué quieres que diga tu epitafio?
-…mmm la verdad es que no sé, no lo he pensado, además no quiero que me entierren, me da claustrofobia, prefiero que me cremen o quemen o lo que sea…
-creo que es cremar el verbo…
-ah, bueno. ¿y tú?
-…(tarareo la canción y en tono de broma digo) ¡Confusion! will be my epitaph…
Al parecer no es captado por mi interlocutor, que mirando atentamente al niño, casi con rencor, me responde escuetamente.
-Ah.

Qué desperdicio de broma pienso yo, si era moderadamente mala.
Definitivamente emprendo la retirada con las palabras.
Me paro y desde la vereda le hago un gesto de adiós con la mano, al que responde más animosamente el niño desconocido que mi propio amigo. Debe ser porque él va a felicilandia pienso yo, mientras sigo caminando y en mi cabeza siguen apareciendo palabras As I crawl a cracked and broken path...If we make it we can all sit back...And laugh...But I fear tomorrow Ill be crying...



(***La canción mencionada es de King Crimson y dice "confuisón será mi epitafio. Mientras me arrastro por un camino agrietado y quebrado...si lo hacemos podemos sentarnos...y reir...pero temo que mañana estaré llorando...-o algo así***)